Ahora, la familia entra a la iglesia larga y alta donde entre cien y doscientos indígenas están arrodillados rezando respetuosamente en voz alta en K’iche’. A veces, en tonos más fuertes uno puede escuchar los nombres en español que durante más de cuatrocientos años no han traducido, tales como María Santísima, Señor Jesucristo, Tata Dios y Sacramento.
A lo largo del centro del piso hay mil candelas titilando, colocadas en grupos de líneas paralelas desde la puerta hasta el santuario, las cuales brillan como estrellas celestiales. Las ofrendas son colocadas entre las hileras de candelas: pétalos de rosa que forman altares individuales joc-pom incienso, mazorcas de maíz, frijoles negros, hierbas, manojos de pixlak, racimos de agujas de pino. A través de las nubes de incienso, gradualmente se llegan a discernir más y más hileras largas de figuras arrodilladas. Este escenario extraordinario de devoción raramente se ve en otro lado.
El Chuch-Cajau y su familia se arrodillan ante la pila bautismal. Aquí, con sus manos en alto y su cabeza inclinada, reza en voz alta. Su esposa e hija desenvuelven su “pizbal-cotzij” que contiene sus ofrendas de oración. El Chuch-Cajau toma unas cuantas candelas y un manojo de pétalos de rosa. Él sabe que los Dioses responderán a sus plegarias más pronto si las ofrendas son fragantes. Su padre le había dicho que los espíritus de sus antepasados siempre estarían cerca de este lugar en particular. Así, quema sus primeras candelas y hace su primera ofrenda de pétalos de rosa. Habiendo honrado la memoria de los difuntos, se santigua con la mano, la besa y sigue adelante.
Los animales son muy importantes en la vida de los maya; por consiguiente, no debe olvidar sus pocos animales. En ángulos rectos con los altares laterales, hacen paradas breves en el centro del piso para rezarle a San Juan por sus ovejas, a San Antonio por sus cerdos, a San Lázaro por sus perros, a San Martín y Santo Domingo por su ganado y caballos. En cada una de estas paradas, quema algunas candelas y hace ofrendas de pétalos de rosa y pixlak.
La familia hace su parada final en el centro de la iglesia, frente al altar con la imagen de Cristo Crucificado. Aquí tiene que rezar por los enfermos, para los que sufren de dolencias físicas; porque sabe que este Cristo sufrió dolor incalculable y agonía antes de morir en la cruz.
Así como han hecho todos los demás grupos, el Chuch-Cajau coloca un pequeño paño entre las dos filas de candelas que titilan y sobre sus ofrendas de pétalos de rosa, sobre lo cual deposita una moneda como contribución para la iglesia y por la cual el sacerdote católico ofrecerá una oración por los difuntos, un Requiescat in Pace en un idioma que él no comprende, pero que se le ha dicho que es el idioma que las divinidades de la iglesia comprenden mejor.
